En un acto de sinceridad que casi nos hace sacar los pañuelos, el director de GeoPark, Miguel Bello, confesó que su compañía se siente más sola que un náufrago con un coco. Durante un congreso financiero, el ejecutivo admitió que están considerando seriamente un listado dual en Colombia para dejar de ser lo que ellos mismos llaman una «acción huérfana». Al parecer, ser una empresa multimillonaria pero no estar en el club de los populares tiene sus desventajas.
El drama de GeoPark es digno de una telenovela de las nueve. Resulta que, por no cumplir ciertos requisitos, no figuran en ningún índice bursátil importante. Esto significa que los grandes fondos de inversión pasivos, que son como esos compradores compulsivos que solo adquieren lo que está en el catálogo principal, ni siquiera saben que existen. Es como ser el único en la fiesta que no recibió la invitación por el grupo de chat, viendo desde afuera cómo todos los demás se reparten el pastel.
Desesperados por un poco de atención y, sobre todo, de dinero, los de GeoPark han hecho un verdadero peregrinaje en busca de un hogar financiero. Han tocado más puertas que un vendedor de enciclopedias en los noventa, considerando listados en Canadá y Londres, e incluso tuvieron una breve aventura en el mercado chileno. Pero nada, siguen sin ser invitados al baile principal, acumulando más rechazos que un adolescente en su primera cita.
Ahora, todos sus ojos y esperanzas están puestos en Colombia, como si fuera el último bote salvavidas del Titanic financiero. La fantasía de la empresa es que, al listarse en el mercado colombiano, no solo los inversionistas locales les hagan caso, sino que también los fondos extranjeros por fin se dignen a mirarlos. Incluso sueñan con que los fondos de pensiones chilenos los metan en su canasta de compras, lo que sería el equivalente a que te adopte una familia rica con casa de verano.
Así que la próxima vez que vea a un ejecutivo de GeoPark, no se sorprenda si lo encuentra con un cartelito que diga: «Acción decente busca índice que la quiera». Su estrategia es clara: dejar de ser el «visto» de los mercados financieros y conseguir que alguien finalmente los agregue a sus contactos. La empresa seguirá analizando el tema, mientras el resto de nosotros esperamos el desenlace de este melodrama corporativo.



