Una empresa petrolera promete una fiesta de crudo en Venezuela, pero olvidó invitar al dinero

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Agárrense los sombreros, porque la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP), con la bendición de la administración Trump, ha anunciado un plan más ambicioso que tu propósito de año nuevo de ir al gimnasio. Planean más que duplicar su producción de petróleo en Venezuela, pasando de unos modestos 200.000 barriles diarios a la friolera de 500.000 para el año 2028. Un sueño guajiro que, según ellos, se financiará solito, como por arte de magia.

Este numerito forma parte de lo que la Casa Blanca ha bautizado, sin sonrojarse, como «el mayor acuerdo petrolero de la historia». Bajo este pacto celestial, NABEP se sentó sobre unas reservas estimadas en 65.000 millones de barriles. Es el equivalente a encontrar un tesoro pirata, pero en un lugar donde las palas y los picos todavía no se sabe si van a llegar.

Aquí es donde la trama se pone buena, como telenovela de las nueve. La compañía asegura que todo este fiestón se pagará con el «flujo de caja interno», una frase elegante para decir que usarán el dinero que ya tienen. Sin embargo, los analistas que sí saben de cuentas, como Schreiner Parker de Rystad Energy, les miran con cara de «ajá, cuéntame otra». Parker sugiere que, inevitablemente, necesitarán buscar capital como quien busca una aguja en un pajar.

La cosa se complica aún más cuando los expertos empiezan a hacer preguntas incómodas. ¿De dónde sacarán las plataformas para perforar? ¿Quién en su sano juicio se anima a invertir cuando una parte del acuerdo implica venderle el 20% de la producción al gobierno estadounidense a precio de costo? Es como si el dueño del supermercado te dijera que te vende la leche sin ganarle un céntimo; uno sospecharía que está agria.

Y como en toda buena historia, hay un personaje principal con un pasado intrigante. El mandamás de NABEP, Alejandro Betancourt, es un empresario que hizo su fortuna durante la época de Hugo Chávez y que ha navegado por investigaciones en varios países sin que se le despeine el traje. Un verdadero sobreviviente que ahora se asocia con el Tío Sam para exprimir hasta la última gota de crudo venezolano.

Así que, mientras los políticos celebran su supuesta jugada maestra para bajar el precio de la gasolina a largo plazo, el resto del mundo prepara las palomitas de maíz. Estamos a punto de ver si este planazo termina en una lluvia de billetes y prosperidad, o en el chapuzón financiero más espectacular del siglo. Hagan sus apuestas.

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