En una movida que nadie vio venir, pero que todos sospechaban como el final de una telenovela, la presidenta peruana Keiko Fujimori anunció con bombos y platillos que el país se suma al «Escudo de las Américas». La noticia fue dada junto al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en una escena que parecía sacada de una reunión de exalumnos donde uno le pide trabajo al otro. Perú, oficialmente, ha decidido unirse a la pandilla de los chicos rudos para poner orden en su patio trasero.
Este exclusivo club, fundado por el mismísimo Donald Trump, es básicamente un grupo de WhatsApp de gobiernos conservadores para pasarse chismes y estrategias contra los carteles. Con miembros distinguidos como Argentina y Colombia, el «Escudo de las Américas» suena más a un equipo de superhéroes de bajo presupuesto que a una coalición de seguridad. Ahora Perú tiene su membresía, probablemente con un llavero y una calcomanía para el auto incluidos en el paquete de bienvenida.
La razón de tanto alboroto es que Perú ostenta la medalla de plata en la producción mundial de cocaína, justo detrás de su vecino Colombia, que se lleva el oro. Es como ser el segundo mejor en una competencia que nadie quiere ganar, pero en la que todos participan con un entusiasmo sospechoso. Las autoridades locales esperan que, con la ayuda de sus nuevos amigos del norte, puedan bajar del podio de una vez por todas.
El ingenio peruano para la exportación ha llegado a niveles legendarios, utilizando cargamentos de fruta para contrabandear la mercancía a Europa y Estados Unidos. Esto ha convertido la sección de frutas y verduras del supermercado en una zona de alto riesgo. Ya no sabes si ese aguacate que compraste para el guacamole te va a salir bueno o te va a mantener despierto durante tres días seguidos organizando los tupperware por color.
Lo más cómico de todo este teatro es que, mientras Perú le pide ayuda a Estados Unidos para jugar a los policías y ladrones, en el campo económico le está dando la mano a China como su principal socio comercial. Es la estrategia perfecta: los gringos ponen la seguridad y los chinos ponen los billetes. Una jugada maestra que demuestra que en política, como en la vida, es bueno tener amigos para todo tipo de fiestas.
Así que la próxima vez que te comas un mango peruano, piénsalo dos veces. Podría ser el desayuno más productivo de tu vida o la razón por la que terminas limpiando el techo de tu casa a las tres de la mañana. En cualquier caso, el comercio internacional nunca había sido tan emocionante.



