Argentina celebra que la inflación ahora solo te muerde el tobillo en lugar del cuello

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¡Atención, ciudadanos del país donde la economía es un deporte de riesgo! Saquen el cotillón y las serpentinas, porque la inflación de agosto fue de un «mísero» 1,7%. Así es, por primera vez en mucho tiempo, el monstruo de los precios decidió que era suficiente con robarnos la billetera y no el alma. Claro que si miramos el numerito anual, un coqueto 33,5%, la fiesta se parece más a un velorio con música de cumbia.

Como no podía ser de otra manera, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió a festejar en sus redes sociales como si hubiera ganado el Mundial. Con bombos y platillos anunció que es la suba más baja en 14 meses, un logro comparable a encontrar el control remoto a la primera o a que te den el vuelto justo en el quiosco. Es un respiro, claro, pero uno tan corto como el que das antes de zambullirte en una piscina llena de deudas y facturas.

Pero, ¿qué nos dejó de costar un riñón este mes? Pues, casi nada importante. El precio de tener un techo y no morir de frío, o sea, Vivienda, agua, electricidad y gas, subió un 2,8%. Y para que no se nos ocurra la brillante idea de estudiar para entender este desastre, la Educación también se encareció un 2,5%. Básicamente, vivir bajo techo y ser un poco menos ignorante ahora es un artículo de lujo.

La buena noticia, si es que se le puede llamar así, es que la ropa y los paquetes turísticos bajaron un poco. Es la lógica del mercado llevada al absurdo: no puedes pagar el alquiler, pero al menos puedes comprarte una camiseta nueva para dormir en la calle con estilo. La Recreación y la cultura se quedaron quietas, probablemente porque la mayor recreación del argentino promedio es calcular cuánto falta para fin de mes.

Mientras tanto, los oráculos de la economía, con sus bolas de cristal y sus hojas de cálculo, ya vaticinan el futuro. Unos dicen que en septiembre subirá a 1,8%, una aceleración tan «marginal» que es como preocuparse por una gota de lluvia en medio de un huracán. Otros, más optimistas, creen que podría bajar a 1,5%, una diferencia que en la práctica significa que podrás comprar medio chicle más que el mes pasado.

En resumen, Argentina celebra una victoria pírrica contra la inflación, un round ganado en una pelea de quince que ya vamos perdiendo por paliza. Así que disfrute este breve momento de «estabilidad», porque en este país la única constante es que la próxima boleta de luz vendrá con el precio de un pasaje a la estratosfera. ¡A seguir remando

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