Por un momento glorioso, el internet mexicano experimentó una alucinación colectiva. Se descubrió a un salvador para la Selección: Antonio Vergara, joya del Napoli. El único detalle es que el muchacho es más italiano que una góndola en Venecia, pero ¿a quién le importan los hechos cuando hay esperanza?
Todo comenzó cuando un comentarista, Vito de Palma, mencionó que alguien llamó a Vergara “el mexicano”. Internet, en su infinita sabiduría, lo tomó como una revelación sagrada. De repente, este mediocampista nacido en Frattaminore en 2003, con carrera en Pro Vercelli y Reggiana, era la esperanza tricolor sin saberlo. Sus logros con el Napoli, como su debut en Serie A o jugar la Champions League, solo alimentaron el mito del pariente perdido que nos debía una Copa del Mundo. La afición ya lo imaginaba en el Tri, probablemente pidiendo un espagueti en lugar de un Gatorade en el medio tiempo, pero era nuestro espagueti. La historia creció tanto que solo faltaba que el gobierno le emitiera un acta de nacimiento retroactiva.
Pero la fantasía se topó con la realidad. El gurú Fabrizio Romano citó al agente del jugador, Mario Giuffredi, quien calificó la historia como “completamente falsa”. Con la diplomacia de un réferi, aclaró que Vergara representará a Italia, seguramente mientras se preguntaba por qué recibía memes con sombreros. El sueño se desvaneció más rápido que una promesa de campaña.
Así terminó el melodrama. La Selección, bajo el mando de Rafa Márquez, ni se enteró del drama, pues estaban ocupados con jugadores que sí tienen pasaporte mexicano y no uno que parece estampita de álbum. El internet, por su parte, ya busca al próximo primo lejano en la Bundesliga.



