Justo cuando pensabas que tu cartera podía respirar un poco tras los gastos del fin de semana, el gobierno saca un nuevo truco de magia de la chistera. Se trata del Paquete Económico 2027, que trae consigo una reforma a la Ley del ISR con la que planean exprimir hasta el último centavo de las empresas. El objetivo es recaudar la módica cantidad de 140,000 millones de pesos adicionales, probablemente para construir una alberca de monedas de oro o algo igual de práctico.
¿Y cuál es la justificación para este nuevo apretón de cinturón? Según el Ejecutivo, han descubierto que algunas empresas, los muy pillos, usan facturas más falsas que un político honesto para inflar sus gastos hasta en un 10%. Es como si el gobierno hubiera pillado a un niño con la mano en el tarro de galletas y ahora decidiera soldar la alacena para que nadie más pueda comer, ni siquiera los que estaban a dieta.
Así que la solución es tan sutil como una patada en la espinilla: ponerle un tope a las deducciones de las empresas con ingresos superiores a 50 millones de pesos. Ahora solo podrán deducir hasta el 96.67% de sus ingresos, porque ese 3.33% restante es, por supuesto, pura maldad y evasión. Además, si tuviste un mal año y arrastras pérdidas, ya no podrás compensarlas al 100%; ahora solo te dejarán usar el 50%, como si la vida no fuera ya suficientemente difícil.
Pero como siempre, hay alguien que levanta la mano para aguar la fiesta. Expertos como Guillermo Mendieta, del Colegio de la Contaduría Pública, advierten que con esta medida estarán pagando justos por pecadores. Básicamente, las empresas que sí hacen las cosas bien y que legítimamente tienen muchos gastos, tendrán que pagar impuestos sí o sí, aunque sus finanzas estén más apretadas que un tornillo de submarino. Es la clásica lógica de castigar a toda la clase porque alguien lanzó una bolita de papel.
Para rematar el cuadro, otro especialista en la materia, Luis Pérez de Acha, calificó la movida como una “política recaudatoria asfixiante” y una “campaña de fiscalización sin precedentes”. En otras palabras, nos espera un Gran Hermano fiscal que revisará hasta si el café de la oficina fue debidamente facturado. Se cumplió la promesa de no subir impuestos, pero encontraron la forma de cobrar más sin que parezca que lo hacen.
Así que ya sabe, estimado contribuyente: vaya desempolvando la calculadora, revise tres veces cada factura y prepárese para justificar hasta la compra del papel de baño. Porque aunque usted no haya hecho nada malo, el fisco viene por todos y no parece estar de humor para aceptar excusas. Al final, parece que todos terminaremos pagando los platos rotos de unos cuantos.



