Parece que el gobierno federal despertó con ganas de ser el alma de la fiesta, porque esta semana decidió otorgarle al diésel un estímulo fiscal del 91%, casi como si lo estuvieran regalando en la compra de un chicle. Esta repentina generosidad, digna de un tío que llega borracho a la cena de Navidad, se debe a que en Estados Unidos el precio del combustible alcanzó un récord histórico, y aquí prefirieron ponerle un curita al asunto antes de que nos diera el mismo resfriado.
Así que saquen sus agendas y apunten las ofertas de la semana, que ni el Buen Fin se atrevió a tanto. La gasolina Magna recibe un cariñito de 2.11 pesos por litro, mientras que la Premium, la que usan los que todavía creen que van a heredar algo, obtiene un descuento de 1.35 pesitos. Pero la verdadera estrella es el diésel, que se lleva la corona con un estímulo de 6.68 pesos por litro, un subsidio tan grande que prácticamente solo falta que te den las gracias por cargar el tanque.
En términos de impuestos, esto es como ir a un restaurante de lujo y pagar solo la propina. Por cada litro de diésel, los automovilistas pagarán la miserable cantidad de 68 centavos de IEPS, lo que representa apenas el 9% de la cuota completa. Básicamente, el gobierno está absorbiendo el resto del golpe, esperando que nadie se dé cuenta de que ese dinero tiene que salir de algún otro lado, probablemente de tus futuros impuestos para arreglar baches.
Mientras en México vivimos esta fantasía de combustible barato, del otro lado del muro la realidad es más cruel que un lunes por la mañana. El diésel en Estados Unidos alcanzó los 5.85 dólares por galón, un nuevo máximo histórico que tiene a los transportistas y a los ciudadanos de a pie sudando frío. Allá, la volatilidad de los mercados, las tensiones geopolíticas y las fallas en la cadena de suministro son el pan de cada día.
Un analista llamado Patrick De Haan tuvo la revelación del siglo al afirmar que “el diésel es el combustible que mueve la economía” y que si su precio sube, todo se encarece. Gracias por el dato, capitán obvio. Mientras los expertos gringos descubren el hilo negro, en México el precio del diésel se mantiene estable en 27.02 pesos el litro, gracias a los estímulos y a un pacto entre el gobierno y los gasolineros que se renovó hace poco.
Este acuerdo, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, es básicamente un pacto de caballeros para fingir que la inflación no existe, topando los precios para que la gente siga tranquila. Así, mientras el petróleo sube casi un 10% en los mercados internacionales por conflictos en Irán, aquí seguimos disfrutando de nuestra burbuja subsidiada. La pregunta es: ¿cuánto durará la barra libre antes de que nos llegue la cuenta?





