Señoras y señores, agarren sus carteras porque el Paquete Económico 2027 viene con más malabares que un artista de crucero. El gobierno federal tiene que ponerse a dieta fiscal por tercer año consecutivo, no por gusto, sino para que las agencias calificadoras no le quiten las llaves del coche y lo dejen sin su preciado grado de inversión. El chiste es que la casa está llena de gorrones: la deuda, las pensiones y los pagos a los estados se comen casi todo el pastel, dejando apenas unas migajas para maniobrar.
La cosa se puso color de hormiga en 2024, cuando el hoyo financiero del sector público, conocido elegantemente como RFSP, alcanzó un récord de 5.8% del PIB. Para que se entienda, es como si tu tarjeta de crédito hubiera echado humo y el del banco te llamara a diario. Aunque el año pasado le metieron tijera al gasto, el barril sin fondo llamado Pemex obligó a cerrar con un déficit del 4.8%. Ahora, la meta para este segundo acto de austeridad es bajarlo a un todavía preocupante 4.1%, esperando que los acreedores internacionales se crean el cuento.
Como vienen elecciones, a nadie se le ocurre proponer una reforma fiscal que haga enojar al respetable, ¡faltaba más! En su lugar, el plan maestro es aplicar la de siempre: exprimir un poco más a los contribuyentes que ya pagan. Se habla de una «mayor fiscalización», que en español de barrio significa que el SAT te va a revisar hasta las monedas que dejaste en el pantalón que metiste a la lavadora. Los expertos, sin embargo, advierten que a ese limón ya no le queda mucho jugo.
Y en medio de este circo financiero, el elefante blanco en la habitación sigue siendo Petróleos Mexicanos. El gobierno, en un arranque de optimismo digno de un niño esperando a los Reyes Magos, asegura que Pemex será autosuficiente el próximo año y ya no necesitará de su domingo. Los analistas, por su parte, se ríen nerviosamente y nos recuerdan que la empresa sigue acumulando más deudas que un ludópata en Las Vegas, lo que seguramente requerirá otro «préstamo» del erario.
El gobierno tiene hasta el 8 de septiembre para entregar esta joya de la contabilidad creativa, y la gente se pregunta de dónde saldrá la magia. Se rumoran cambios en impuestos a combustibles y bebidas espirituosas, como si con eso se fuera a tapar el cráter financiero. Al final, todo se reduce a un espectáculo de equilibrio: mantener contentos a los que prestan dinero, no enfurecer a los votantes y seguir alimentando al insaciable monstruo petrolero. Pasen a ver este increíble acto de escapismo económico.





