Saquen el confeti y las serpentinas, porque los burócratas de la eurozona están descorchando el champán barato. Resulta que su economía creció un 0.6% en el segundo trimestre, una cifra que los tiene más emocionados que a un niño con juguete nuevo. Este numerito es mejor que el 0.4% que habían calculado antes, y es prácticamente un milagro después de estar más estancados que una conversación de ascensor durante los primeros tres meses del año.
El campeón inesperado de esta olimpiada económica fue Irlanda, que se anotó un crecimiento del 10.2%, como si se hubieran encontrado un duende con una olla de oro. Pero antes de que todos se muden a Dublín, aquí viene el truco de magia: este crecimiento es más falso que una moneda de tres pesos. Todo se debe a que las gigantescas empresas multinacionales usan a Irlanda como su paraíso fiscal personal, moviendo dinero en sus libros de contabilidad con una creatividad digna de un guion de telenovela.
Mientras tanto, en el mundo de los mortales, la locomotora alemana también echó un poquito más de carbón a la caldera, con un crecimiento revisado del 0.3%. Es una cifra mucho más aburrida y realista, como la de alguien que sí hizo la tarea en lugar de copiarla. Alemania avanzó a paso de tortuga responsable, mientras Irlanda volaba con alas de Red Bull patrocinadas por los departamentos de finanzas de Silicon Valley.
Pero como en toda buena fiesta, alguien tiene que pagar los platos rotos y aguantar la resaca del día siguiente. La inflación se disparó a un 3.3%, su nivel más alto en tres años, muy por encima de la meta del 2% que el Banco Central Europeo (BCE) tiene pegada en su refrigerador. Así que todo ese crecimiento de fantasía viene acompañado de un pequeño detalle: ahora todo es más caro, desde la cerveza hasta el pan.
Para apagar el incendio con gasolina, el conflicto en Oriente Medio está haciendo que los costos de la energía suban más rápido que la espuma. Por eso, se espera que el BCE llegue con la manguera de agua fría y nos suba los tipos de interés para calmar a todos. Básicamente, la fiesta se acabó, el crecimiento era un espejismo y ahora toca volver a comer atún en lata hasta nuevo aviso.





