A punto de que la Secretaría de Hacienda saque su bola de cristal para predecir el futuro económico del 2027, los analistas privados encuestados por Citi ya soltaron su propio chisme. Según ellos, la economía mexicana crecerá un modesto 1.8%, la misma cifra con la que empezaron el año antes de pasársela cambiando de opinión como quien no sabe qué pedir para cenar. Parece que después de tanto análisis, terminaron exactamente donde empezaron, confirmando que la economía es más un círculo vicioso que una línea recta hacia el progreso.
Claro que el gobierno, siempre optimista como adolescente enamorado, había planteado un crecimiento de entre 1.9% y 2.9%. La previsión de los analistas, con su 1.8%, se queda apenas a una décima de la meta más humilde de Hacienda, lo que en el mundo de las finanzas equivale a quedarse a un paso del baño en una emergencia. Próximamente, Hacienda presentará el Paquete Económico 2027, ese documento que todos fingen entender pero que en realidad es tan denso como un polvorón.
Lo más cómico es que ni entre los mismos analistas se ponen de acuerdo. Para este año, el rango de sus predicciones parece un menú de restaurante con precios para todos los bolsillos: desde el pesimista 1% de Scotiabank y Banco Base, hasta el fiestero 2.3% de Bancoppel. Es como si un grupo de amigos intentara adivinar cuánto va a durar la batería de un celular; cada quien tiene su teoría, pero al final, el aparato se apaga cuando se le da la gana.
Y si hablamos de la inflación, la cosa se pone igual de divertida. Los expertos anticipan que se ubicará en 3.80% el próximo año, coqueteando peligrosamente con el 4% y demostrando que tiene menos ganas de bajar que un gato de un árbol. El objetivo sagrado del Banco de México es un 3%, pero la inflación parece que no recibió el memorándum. Para calmar las aguas, se espera que la tasa de referencia se quede quieta en 6.50%, como un castigo para que el dinero no ande de revoltoso.
En resumen, la dispersión de opiniones es enorme, con dieciséis de los treinta y cinco analistas esperando una inflación menor a 4%, mientras que otros como BNP Paribas y GBM la ven más disparada que los precios en quincena. Mientras los genios de las finanzas debaten si la gráfica sube o baja, el resto de los mortales seguiremos haciendo malabares para que el sueldo llegue a fin de mes. Al final, sus predicciones son como el horóscopo: entretenidas, pero es mejor no hacerles mucho caso.





