Tesla presenta su taxi del futuro y Wall Street reacciona como si viera un fantasma

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Tesla organizó una fiesta para presentar su flamante Cybercab y, para su sorpresa, los invitados de Wall Street llegaron con cara de funeral. La compañía de Elon Musk, siempre tan amiga de los fuegos artificiales, esta vez se encontró con que su gran cohete era un petardo mojado. Como resultado, sus acciones cayeron un 5.92% más rápido que la dignidad de un político en campaña, dejando a todos preguntándose si el futuro era esto o si se habían equivocado de dirección.

El gran problema fue que la presentación tuvo menos sustancia que un discurso de reina de belleza. El evento en Austin fue tan exclusivo que ni el propio público pudo verlo, sin transmisión ni la aparición estelar del mandamás Elon Musk. Los analistas se quedaron con más dudas que un filósofo en crisis existencial, preguntando por detalles tan aburridos pero necesarios como el calendario de producción, los costos y si el cacharro ese tenía permiso para circular sin atropellar a las abuelitas.

Hablemos del protagonista: el Cybercab. Es un vehículo de dos asientos sin volante ni pedales, básicamente una aspiradora con ínfulas de coche. La idea es que te lleve por ahí de forma autónoma, convirtiendo el tráfico en una siesta glorificada. De momento, su gran despliegue comercial se limita a un área específica de Austin, lo que suena menos a revolución del transporte y más a un capricho de un barrio de ricos.

Por si fuera poco, los aguafiestas del gobierno ya han puesto el ojo en el invento. La NHTSA, la agencia que se encarga de que los coches no se desarmen en la primera curva, ha iniciado una revisión para ver si Tesla se ha pasado de lista. Quieren saber si este vehículo sin controles humanos cumple con los estándares de seguridad o si es simplemente un ataúd con ruedas y conexión a internet.

Al final, los expertos financieros están más divididos que una familia discutiendo de política en Navidad. Aunque muchos recomiendan comprar acciones, el potencial de retorno es de un mísero 8.8%, lo que genera menos emoción que ver secar la pintura. Tesla promete que sus robotaxis cambiarán el mundo, pero por ahora, el único cambio que han provocado es en la paciencia de sus inversores.

Así que mientras el Cybercab da vueltas por Austin como un perro persiguiéndose la cola, el resto del mundo espera a ver si la gran apuesta de Tesla es el futuro del transporte o el chiste más caro de la historia. La compañía sigue enfocada en sus planes a largo plazo, aunque a corto plazo, su mayor desafío parece ser convencer a la gente de que su taxi sin conductor no es solo una idea loca que se le ocurrió a alguien después de demasiada cafeína.

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