Austan Goolsbee, jefe de la Reserva Federal de Chicago, aseguró que el verdadero dolor de cabeza actual no es la falta de empleos sino los precios que suben como espuma. Afirmó que la gente detesta la inflación más que cualquier otra cosa y que el mercado laboral está estable pero sin brillar. Según él, los indicadores de contrataciones y despidos muestran una calma chicha que no convence a nadie.
Cheryl Venable, presidenta interina de la Fed de Atlanta, coincidió en que la inflación sigue demasiado alta y que cualquier alivio depende de sucesos geopolíticos impredecibles. Mencionó especialmente el conflicto en Medio Oriente como el factor que puede encender o apagar la presión sobre los precios. Ambos banqueros parecen más preocupados por los números que suben que por los trabajadores que se quedan sin silla.
El comentario de Goolsbee llegó en un vídeo grabado a finales de junio donde compara la economía con un paciente que no está grave pero tampoco sale corriendo. Venable, por su parte, dejó claro que la pelota está en manos de acontecimientos que nadie controla y que pueden estallar en cualquier momento. La Fed sigue dividida entre los que quieren subir tasas ya y los que prefieren esperar a ver qué pasa.
La gente común sigue pagando más por todo mientras los banqueros discuten si el problema es transitorio o permanente. Goolsbee insiste en que el mayor enemigo es el aumento de precios y no la pérdida de puestos de trabajo, como si el bolsillo vacío pesara menos que la falta de sueldo. Venable añade que sin paz en la región complicada, los números no bajarán por arte de magia.
Al final, la inflación se comporta como un vecino ruidoso que no se va aunque le pidas por favor, y los banqueros solo pueden mirar desde la ventana. Goolsbee y Venable reconocen que el problema existe pero no ofrecen soluciones rápidas más allá de esperar que el conflicto se calme. Los ciudadanos, mientras tanto, siguen contando monedas como si el supermercado fuera una ruleta rusa.




