Parece que el viejo y rentable negocio de la guerra ha vuelto a ponerse de moda en Europa, y nadie está más feliz que los alemanes de TKMS, el mayor constructor naval del país. La compañía, que hasta hace poco era un apéndice del conglomerado Thyssenkrupp, ahora nada en un mar de dinero gracias a que los gobiernos europeos se han acordado, después de décadas de siesta pacifista, de que tener una marina de guerra es más útil que tener una colección de sellos.
El pánico armamentístico es tal que TKMS ha tenido que revisar al alza sus previsiones de ventas por segunda vez este año, ahora esperando un crecimiento de hasta el 12%, una cifra que hizo que sus acciones se dispararan otro 12%. Los contadores de la empresa deben estar sufriendo calambres de tanto borrar y reescribir números cada vez más optimistas. Es la prueba definitiva de que no hay nada como un buen conflicto geopolítico para reactivar la economía industrial.
El catálogo de productos de TKMS parece una lista de deseos para un almirante con presupuesto ilimitado. Venden submarinos no nucleares (muy alemanes en su eficiencia), fragatas, corbetas, torpedos y hasta drones submarinos. La demanda es tan alta porque, tras años de recortes después de la Guerra Fría, las flotas europeas estaban tan oxidadas y mermadas que corrían el riesgo de ser derrotadas por una flota de patitos de hule bien organizada.
Y esto, según los expertos, es solo el principio del festín. Los pedidos no paran de llegar. Alemania y Noruega quieren más submarinos del Tipo 212CD, Singapur del Tipo 218SG, y hasta Canadá está haciendo fila para encargar su nueva flota. El negocio de submarinos de la empresa ya ha cuadruplicado sus beneficios, demostrando que lo que de verdad da dinero no es lo que flota a la vista, sino lo que se esconde bajo el agua.
Así, mientras los políticos hablan de paz y seguridad con cara de preocupación, en los astilleros de TKMS probablemente están más ocupados diseñando portavasos de lujo para sus nuevas fragatas. La rápida transformación de la compañía es un recordatorio de que, aunque la guerra sea un infierno, para algunos siempre será una oportunidad de negocio celestial. Y en este caso, es un negocio que va viento en popa.




