Apenas le dieron las llaves del palacio presidencial, el flamante y conservador nuevo líder de Colombia, Abelardo De la Espriella, decidió que su primera orden del día no sería arreglar los baches de las calles, sino llamar a sus amigos del norte para organizar una parrillada de alto calibre. Tras cuatro años de un gobierno de izquierda, el nuevo mandamás ha dejado claro que la paciencia se le acabó y que es hora de sacar el músculo, invitando formalmente al ejército de Estados Unidos a jugar en su patio trasero.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, confirmó la noticia con el entusiasmo de quien recibe una invitación a una boda con barra libre. Según él, Colombia ha solicitado unirse a la «lucha contra el narcoterrorismo», autorizando operaciones militares conjuntas para desmantelar redes que, al parecer, el gobierno anterior trataba con guantes de seda. Esta movida es parte de la nueva y agresiva estrategia del presidente Donald Trump para la región, que suena menos a diplomacia y más al guion de una película de acción de los ochenta.
Con esta alianza, Colombia se convierte en el cuarto y más corpulento miembro de este selecto club de países latinoamericanos que han decidido pedir refuerzos. Ecuador, Honduras y Guatemala ya estaban en la lista de espera, pero ahora llega el pez gordo. No es para menos, siendo la nación andina el principal productor de cocaína del mundo, su entrada a la iniciativa es como si el campeón de los pesos pesados decidiera unirse a una pelea de bar.
La ironía de la situación es tan espesa que se podría cortar con un cuchillo. El mayor proveedor global de cocaína ahora se alía con su principal cliente para combatir su producto estrella. Es una movida tan audaz como si el mayor fabricante de pasteles del mundo declarara una guerra sin cuartel contra el azúcar, una estrategia que seguramente resolverá el problema de una vez por todas, ¿verdad?
Así que, mientras los políticos se dan palmaditas en la espalda y anuncian con bombos y platillos esta nueva era de cooperación militar, los ciudadanos se preguntan si esto significa más seguridad o simplemente explosiones más grandes y en dos idiomas. Lo único seguro es que la guerra contra las drogas acaba de estrenar una nueva temporada, con más presupuesto y un elenco internacional.
En resumen, el nuevo gobierno colombiano ha decidido que la mejor forma de limpiar la casa es invitando al vecino ruidoso que tiene todas las herramientas. Queda por ver si lograrán arreglar la fuga o si terminarán demoliendo el edificio entero en el proceso. Por ahora, todo indica que en Colombia lloverá plomo con subtítulos en inglés.




