En un acto de asombrosa unanimidad, 269 congresistas colombianos se pusieron de acuerdo en algo y eligieron a Jorge Eliécer Laverde como el nuevo niñero de la billetera nacional. Este señor, que ahora ocupa el codiciado puesto de Contralor General, tendrá la divertida y para nada estresante tarea de asegurarse que los recursos públicos no terminen financiando piscinas de lujo o campañas políticas ajenas.
Fiel al libreto que viene preinstalado con el cargo, Laverde pronunció las palabras mágicas que todos esperaban oír: prometió que los recursos para la reconstrucción llegarán con «celeridad y absoluta transparencia». Una frase tan reconfortante y original como un político besando a un bebé. Reemplazará a Carlos Hernán Rodríguez y estará al mando del detector de mentiras fiscal del país durante el próximo cuatrienio.
Pero lo que realmente destaca del nuevo contralor no son sus promesas, sino su currículum, que parece una enciclopedia. Laverde es abogado, doctor en Derecho, tiene una maestría, un MBA, seis especializaciones que van desde Derecho Constitucional hasta Gerencia Financiera, y hasta estudios de posdoctorado en la Universidad de Bolonia. Este señor no fue a la universidad, se mudó a ella. Su colección de diplomas es tan vasta que probablemente usa uno para calzar una mesa coja.
Su trayectoria profesional no se queda atrás. Ha sido diputado, procurador y, durante más de una década, fue secretario de la Comisión Sexta del Senado, que maneja temas tan jugosos como transporte, infraestructura y comunicaciones. En otras palabras, estuvo en la cocina donde se preparan los guisos más sabrosos de la contratación pública, así que, en teoría, debería conocer todos los trucos.
Para rematar, el hombre es académico, investigador y ha publicado libros sobre temas como la inteligencia artificial aplicada al control fiscal. Esto abre un mundo de posibilidades: ¿Veremos drones auditores persiguiendo a contratistas corruptos? ¿O un superordenador que detecte sobrecostos a la velocidad de la luz? Colombia espera que su nuevo guardián, mitad académico, mitad futurista, logre lo imposible. Por ahora, su hoja de vida es impecable… y muy, muy larga.




