China entra en pánico petrolero y ahora paga hasta el alma por un barril que no sea persa

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Parece que a China se le acabó el petróleo de oferta y ahora anda comprando crudo como si no hubiera un mañana, causando un alboroto en los precios mundiales. Resulta que su proveedor habitual del Golfo Pérsico está metido en más líos que un político en campaña, así que las refinerías chinas han tenido que salir a buscar alternativas en lugares tan exóticos como África y América Latina. Es el equivalente a que te cierren el mercado de pulgas y tengas que ir a comprar tus cosas a una boutique de lujo.

La desesperación tiene un precio, y uno muy alto. Por ejemplo, el crudo Djeno del Congo, que hace un par de semanas ya era carito, ahora se ofrece con primas de hasta 20 dólares por barril por encima del Brent. Esto es como pedir un café y que te cobren un extra por el vaso, la tapa y hasta por el aire que respiras en la cafetería. El chisme viene de operadores que hablaron de contrabando, porque oficialmente tienen la boca más cerrada que un frasco de mayonesa nuevo.

Como siempre, los que pagan los platos rotos son los más pequeños. Las refinerías chinas independientes, conocidas como «teteras», que antes vivían felices con el petróleo de descuento de Irán y Venezuela, ahora están viendo su suerte. No pueden competir con los gigantes estatales que tienen una billetera más gorda que la de un banquero. Es la ley de la selva económica: o te comes al grande o te mueres de hambre.

Sin embargo, no todo es lo que parece, y este frenesí de compras podría ser más una llamarada de petate que un incendio forestal. Los expertos sugieren que las refinerías simplemente están aprovechando que los márgenes de ganancia son decentes y rellenando sus bodegas por si las moscas. No es que la demanda interna haya resucitado milagrosamente, es más bien una compra de pánico, como cuando la gente se lleva todo el papel higiénico al inicio de una crisis.

Además, China no es ninguna víctima indefensa en este juego, pues está sentada sobre una reserva de al menos 1,000 millones de barriles de crudo. Tienen más petróleo guardado que un oso preparándose para hibernar durante tres inviernos seguidos. A esto se suma que la rápida adopción de vehículos eléctricos ya desplazó una demanda de 1.5 millones de barriles diarios, así que pueden darse el lujo de ser selectivos.

Al final, China actúa como esa persona que solo va a la fiesta si la barra es libre. Según Goldman Sachs, sus importaciones han caído un 35% en comparación con el año pasado, demostrando que son extremadamente sensibles a los precios. Cuando el crudo se pone caro, simplemente cierran la cartera y esperan a que bajen las aguas, dejando al resto del mundo con la cuenta por pagar y una buena resaca económica.

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