La fiesta de las criptomonedas termina con una resaca tan épica como la cuenta del bar

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Justo cuando los entusiastas del Bitcoin se sentían los reyes del mambo, la realidad les dio una bofetada con la mano abierta. Ese subidón glorioso que llevó a la criptomoneda a su mejor momento en ocho meses se desinfló más rápido que un colchón de aire con un gato encima. El Bitcoin cayó hasta un 1,6%, aterrizando de emergencia en los 82.882 dólares, después de haber coqueteado con los 87.000 como un soltero en plena quincena. Su compinche, Ether, también se unió al drama bajando hasta los 2.628 billetes verdes.

El Chapucero - Segunda Entrega
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¿La causa del descalabro? Resulta que los mercados tradicionales, esos aburridos señores de traje, se pusieron de mal humor y arrastraron a todo lo que oliera a riesgo. Muchos de los que compraron barato la semana pasada decidieron que era un buen momento para tomar sus ganancias y salir corriendo, como si hubieran visto llegar a su suegra. Este pánico vendedor fue la típica reacción de quien prefiere pájaro en mano que ciento volando en el impredecible cielo digital.

Por supuesto, no tardaron en aparecer los analistas para explicar lo inexplicable, con la misma seguridad de un meteorólogo que predice sol en pleno diluvio. Un tal Alex Kuptsikevich aseguró que esto es solo «una pausa temporal en el ascenso», culpando al dólar fuerte y a la caída de las acciones. Básicamente, nos dijo que no nos preocupáramos, que la montaña rusa solo se detuvo un momento para que alguien pudiera vomitar antes de seguir subiendo.

Otros expertos se sumaron al coro de optimismo forzado, destacando que los mercados cripto se habían portado muy bien últimamente, como un niño que rompe un jarrón pero te recuerda que sacó buenas notas. Después de una subida del 9% la semana pasada, era obvio que el Bitcoin iba a sufrir un golpe más fuerte, porque como dice el dicho: lo que sube como palma, cae como coco. A nadie le gusta admitir que su cohete de juguete a veces se queda sin combustible.

Mientras tanto, los inversores están más atentos a las señales del mercado que un chismoso de vecindad. Para añadir más leña al fuego, este viernes expiran contratos de opciones de Bitcoin por un valor de 15.000 millones de dólares, lo que equivale a una apuesta de casino de proporciones bíblicas. A pesar del drama, la mayoría de los apostadores todavía creen que esto se va para la luna. Seguramente los mismos que creen que su equipo de fútbol ganará la liga este año.

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