Rusia lanza la oferta de empleo más tramposa de la historia: te prometen un camión y te dan un tanque

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Si alguna vez te quejaste de esa oferta de trabajo que prometía «horario flexible» y terminaste trabajando hasta los domingos, prepárate para sentirte afortunado. Resulta que el departamento de recursos humanos del Kremlin ha llevado el concepto de «publicidad engañosa» a un nivel que haría llorar de orgullo al tipo que inventó las dietas milagrosas. Según los aguafiestas de Amnistía Internacional, Rusia está usando anuncios de empleo más falsos que un billete de tres euros para atraer a incautos de Colombia, Brasil y otros países soleados, prometiéndoles el oro y el moro, pero entregándoles un fusil y un pasaje de ida al frente ucraniano.

La estrategia es digna de un villano de caricatura. Publican en internet anuncios para trabajos de ensueño como «conductor de camiones de lujo» o «especialista en logística internacional». Un pobre diablo de Sudáfrica, que se veía ya recorriendo las estepas rusas al volante de un tráiler con calefacción, aterrizó en Moscú solo para que le quitaran el pasaporte y le dieran un contrato en cirílico. Es la versión bélica de aceptar los términos y condiciones sin leer: en lugar de ceder tus datos para que te bombardeen con publicidad, cedes tu cuerpo para que lo bombardeen de verdad.

La experiencia de los «nuevos empleados» es un caos tragicómico. Imagínense a un colombiano, acostumbrado a pedir un tinto, intentando entender a un sargento ruso gritando órdenes que suenan como si alguien estuviera gargareando con vodka. La formación militar, según los testimonios, es tan completa como las instrucciones de un mueble de IKEA, pero con consecuencias un poco más permanentes si montas mal las piezas. Mientras tanto, los jefes rusos se defienden diciendo que no obligan a nadie, lo cual es como decir que el coyote no obliga al correcaminos a correr.

Al final, Amnistía Internacional, con su seriedad habitual, califica esto de «trata de personas» y le pide a Ucrania que, por favor, entre que esquiva un misil y otro, se ponga a recopilar pruebas para llevar el caso a los tribunales. Una sugerencia tan práctica como pedirle a alguien que se está ahogando que aproveche para buscar su lentilla perdida en el fondo del mar. Lo único claro es que, la próxima vez que veas una oferta de trabajo demasiado buena para ser verdad, asegúrate de que el «bono de bienvenida» no sea un casco y un chaleco antibalas.

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