¡Atención, apocalipsis a la vista! El gobierno de Dinamarca, en un movimiento más dramático que el final de tu serie favorita, ha decidido que sus niños y adolescentes son alérgicos a los libros y adictos a las pantallas. La primera ministra, Mette Frederiksen, se puso su traje de súper villana y anunció con bombos y platillos que los celulares quedarán más prohibidos en las escuelas que el aguacate en un desayuno inglés.
Resulta que los últimos resultados de las pruebas PISA llegaron y, para sorpresa de nadie, los jóvenes daneses salieron más perdidos que un pulpo en un garaje. Al parecer, pasar ocho horas diarias viendo a gente hacer bailes ridículos en TikTok no te prepara para resolver ecuaciones diferenciales. La primera ministra, con cara de quien descubre que Santa Claus son los padres, declaró: «Hemos dejado que los niños se cocinen el cerebro con las pantallas». ¡No me digas!
La prohibición es total: ni en el salón de clases, ni en el patio, ni escondido en el baño para ver memes. Desde los pequeños que apenas saben amarrarse las agujetas hasta los adolescentes con más granos que una paella, todos se enfrentarán a la cruda realidad de tener que mirarse a los ojos, como en una telenovela de los noventa. Se rumora que los patios de recreo ahora estarán llenos de niños intentando socializar, una actividad ancestral casi olvidada.
Así que, mientras el gobierno espera que esta medida convierta a sus jóvenes en la próxima generación de premios Nobel, lo más probable es que solo logren una rebelión masiva de adolescentes aburridos. Pobres criaturas, ahora tendrán que aprender a pasarse notitas de papel y a ponerse al día con el chismecito cara a cara. Un trauma del primer mundo digno de un capítulo de «La Rosa de Guadalupe».



