Como cada año en esta bonita tragicomedia llamada México, el Secretario de Hacienda se puso su mejor traje y fue al Congreso a entregar el Paquete Económico 2027. Es básicamente la carta a Santa Claus del gobierno, pero con la pequeña diferencia de que los regalos los terminamos pagando todos nosotros. En esta ocasión, la promesa es un paraíso de infraestructura, con puentes, carreteras y hospitales saliendo hasta por debajo de las piedras.
Claro que para construir este edén de concreto se necesita una cantidad de dinero que haría llorar a un millonario. El plan es recaudar la módica suma de 9.2 billones de pesos, principalmente sangrando al contribuyente. El gobierno proyecta que los ingresos por impuestos alcancen un “máximo histórico” del 15.9% del PIB, lo que se traduce en que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) se convertirá en tu amigo más insistente y tecnológicamente avanzado.
Y para asegurarse de que nadie se les escape, la nueva jugada maestra es una ley para reducir gradualmente el uso de efectivo. Así es, se acabaron los guardaditos en el colchón o los pagos “en cortito” para que no dejen rastro. El gobierno quiere que hasta la compra del chicle en la tiendita de la esquina quede registrada, porque cada centavo cuenta cuando hay que financiar la utopía prometida.
Lo más cómico de este ambicioso plan es que, después de anunciar que van a exprimirnos como a naranjas para jugo, la estimación de crecimiento económico para el país es de un modesto 1.5% a 2.5%. Es como entrenar para un maratón y terminar corriendo solo hasta la esquina. Eso sí, juran y perjuran que el tipo de cambio se mantendrá tranquilo en 17 pesitos por dólar, para que al menos el susto no sea por partida doble.
Para que no sintamos tan feo el sablazo fiscal, una parte del botín se destinará a los programas sociales, beneficiando a unos 43 millones de personas. Además, el sector salud recibirá un jugoso aumento de 1.1 billones de pesos, porque un pueblo sano es un pueblo que puede seguir trabajando para pagar impuestos. Es el clásico “te quito la cartera, pero te invito un café”.
En resumen, el guion para 2027 ya está escrito: el gobierno tiene grandes sueños de primer mundo, y el SAT tiene la misión divina de financiarlos revisando hasta el último rincón de tus finanzas. Así que vaya preparando sus comprobantes fiscales y su mejor cara de sorpresa, porque la modernidad cuesta, y parece que la cuenta nos llegará a todos.



