El petróleo casi llega a los 100 dólares y a Wall Street le dio el patatús

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Parece que alguien le echó chile en polvo al café de los financistas, porque las acciones en Estados Unidos se desplomaron como la dignidad de un político en plena campaña. El petróleo está a un suspiro de los 100 dólares por barril gracias a nuevos fuegos artificiales no autorizados en Medio Oriente. Como resultado, los principales índices bursátiles, como el S&P 500 y el Dow Jones, cayeron más rápido que un castillo de naipes en medio de un huracán.

El drama principal lo protagoniza el crudo, que se puso más caro que aguacate en enero. El barril de Brent cerró en 97,92 dólares, mientras que el WTI trepó hasta los 93,03 dólares, todo por unas misteriosas explosiones en Irán y nuevos ataques en Arabia Saudita. Básicamente, el mercado energético está más tenso que la cuerda de un equilibrista con hipo, y cualquier estornudo en la zona amenaza con mandar todo al diablo.

Este repentino encarecimiento del combustible ha despertado al monstruo que todos temían: la inflación. Con una subida acumulada de más del 60% este año, el petróleo está más inflado que un pavo en Navidad, y la Reserva Federal ya está afilando las tijeras para volver a subir las tasas de interés. Los inversionistas están sudando frío, esperando los datos de inflación como si fueran las calificaciones del examen final que no estudiaron.

Pero la fiesta del caos no es exclusiva del petróleo. Para no quedarse atrás en el fiestón del apocalipsis, el cobre también rompió su propio récord, alcanzando la módica suma de 14.635 dólares por tonelada. Al parecer, la escasez de oferta y la creciente demanda para centros de datos y redes eléctricas han convertido al metal rojo en el nuevo objeto de deseo, dejando al oro y la plata con cara de segundones.

Mientras el mundo financiero se agarra de los pelos, las grandes corporaciones viven en su propia realidad. Apple se prepara para lanzar su primer teléfono plegable, que podría costar desde 2.199 dólares, un aparato ideal para cuando necesites doblar tu presupuesto en dos. Por su parte, Volkswagen considera vender la marca de motos Ducati, porque aparentemente ya no es suficientemente rentable tener una fábrica de sueños italianos sobre ruedas.

En resumen, los mercados están más nerviosos que un gato en una habitación llena de mecedoras. Entre el petróleo en las nubes, la inflación tocando la puerta y las materias primas jugando a la montaña rusa, la única certeza es que la próxima semana será más emocionante que el final de una telenovela. Abróchense los cinturones, que esto se va a poner bueno.

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