¡Se acabó lo que se daba! El director supremo del Smithsonian, Lonnie Bunch, ha decidido que ya tuvo suficiente de la telenovela y anunció su jubilación, justo después de que la administración Trump lo acusara de convertir los museos en una especie de club de fans para todo lo que no sea Estados Unidos. Al parecer, contar la historia completa del país es ahora considerado un acto de traición a la patria, casi tan grave como ponerle piña a la pizza.
En un comunicado que se traduce como «ya no me pagan lo suficiente para aguantar esto», Bunch dijo que se va con «sentimientos encontrados». Es decir, un alivio que no le cabe en el pecho y una pequeña lagrimita por su cheque de la quincena. Su plan es pasar a un «siguiente capítulo» donde, presumiblemente, no tendrá que explicarle a un político por qué un museo de historia tiene, pues, historia adentro. El gobierno de Trump, por su parte, sugirió que la entrada a los museos debería tener un letrero de advertencia: «Cuidado, el contenido de este edificio podría provocarle pensamiento crítico. Proceda bajo su propio riesgo».
La cosa se puso color de hormiga cuando un informe de la Casa Blanca, con más drama que un episodio de Laura en América, acusó al Smithsonian de «activismo antiblanco», de querer darle papeles a todo el que cruce la frontera y de tratar a los «hombres biológicos como niñas». Básicamente, se quejaron de que el museo no era un parque de diversiones patriótico con estatuas de vaqueros repartiendo abrazos y águilas calvas cantando el himno nacional. El propio Trump, desde su red social, se quejó de que todo era sobre «lo horrible que es nuestro país» y no sobre «la brillantez», como si esperara encontrar una exhibición sobre sus campos de golf.
Tras meses de sentir la presión como si tuviera a su suegra viviendo en el sofá, Bunch finalmente colgó los guantes. La amenaza final del gobierno de Trump de cortarles el presupuesto fue la gota que derramó el vaso. Fue el equivalente a que tu papá te amenace con quitarte el domingo si no admites que él es el mejor jugador de dominó del universo. Así que Lonnie Bunch se va, dejando atrás un puesto que pasó de ser el sueño de cualquier historiador a ser el trabajo más estresante desde que a alguien se le ocurrió ser domador de leones.





