¡Atención, mortales! Cuando pensaban que en el fútbol todo se trataba de delanteros que se peinan frente al espejo, un defensa ecuatoriano llamado Willian Pacho ha decidido colarse en la fiesta más exclusiva del planeta. El zaguero del PSG fue nominado al Balón de Oro 2026, un honor que un compatriota suyo no recibía desde 2006, cuando Édison Méndez jugaba y todos todavía usábamos teléfonos con tapita. Así es, ha pasado tanto tiempo que casi se nos olvida cómo se sentía.
Parece que Pacho se tomó muy en serio eso de «ganar» durante la temporada pasada, porque se llevó a casa la Champions League, la Supercopa de Francia y la Ligue 1. Básicamente, dejó las vitrinas del PSG más llenas que refrigerador en día de quincena. Su entrenador, Luis Enrique, probablemente ya no sabe dónde poner tanto trofeo sin que se le caiga una repisa encima, y todo gracias a este muchacho que defiende como si le debieran dinero.
Y para que vean que el compañerismo no ha muerto, su colega Ousmane Dembélé, que se llevó el balón dorado el año pasado, salió a pedir que no se olviden de Pacho. En una entrevista, casi suplicó que le dieran el reconocimiento que merece, un gesto tan raro en el mundo de los egos millonarios que seguramente hizo llorar a un par de agentes deportivos. ¡Un milagro de la camaradería en pleno campo de batalla!
Pero hablemos de lo que de verdad importa: el dinero. El PSG pagó por Pacho 40 millones de euros en 2024, y ahora su ficha está valorada en 80 millones. Su valor se duplicó más rápido que los memes después de un partido importante, una rentabilidad que ya quisieran los que invirtieron en criptomonedas por consejo de un sobrino. Este hombre es una mejor inversión que el oro, y curiosamente, ahora va por un premio de ese mismo material.
Claro que la competencia está más feroz que discusión en grupo familiar de WhatsApp. Pacho tendrá que medirse con los sospechosos de siempre como Vinícius Jr. y un tal Lionel Messi, que volvió a la lista como si nada. Pero al final, gane o no, con un valor de mercado de 80 millones de euros, Pacho ya tiene para comprarse una isla pequeña o, al menos, para no volver a preocuparse por el precio del aguacate en toda su vida.





