El ministerio del interior pillado con su ‘diario secreto’ de periodistas; pide perdón por el cotilleo

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¡Pillados con el carrito del helado! Resulta que el ministerio del Interior, en sus ratos libres entre café y siesta, se dedicaba a una labor digna del anuario de un instituto: crear un «quién es quién» de los periodistas de España. En un documento más secreto que la receta de la abuela, los funcionarios se pusieron a repartir etiquetas como si fueran cromos: «este es de los nuestros», «este nos tira tomates», «aquel de allá es más de centro que una rotonda» y «este otro cree que la Tierra es plana». Y ahora que los han descubierto, salen con la clásica excusa de «uy, perdón si te has sentido ofendido, no era nuestra intención».

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Según destapó el diario El Confidencial, el ministerio se montó un álbum de estampitas con las caras de decenas de periodistas, directores y columnistas. Cada ficha venía con su foto, como en la orla de fin de curso, y comentarios jugosos sobre sus inclinaciones políticas. Calificativos como «Afín al PSOE», «tendencia conservadora» o «extrema derecha» volaban de un lado a otro. Básicamente, convirtieron la secretaría de Estado en el plató de un programa de chismes, solo que en lugar de hablar de famosos, hablaban de quién escribe qué y si lo hace con la ceja levantada o con ojitos de cordero.

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Como era de esperar, a los periodistas no les hizo ni pizca de gracia descubrir que estaban en una especie de lista de vigilancia gubernamental. La Federación de Asociaciones de Periodistas (FAPE) puso el grito en el cielo, diciendo que esto huele a represalia y a un control más propio de una república bananera que de un país serio. Vamos, que una cosa es que te critique tu cuñado en la cena de Navidad y otra muy distinta es que el gobierno te tenga en un fichero por «hacer periodismo crítico». Esto es incompatible con el Estado de derecho y huele a chamusquina desde aquí a Ceuta.

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La respuesta del ministerio ha sido una obra maestra del «yo no fui, fue Teté». En un comunicado, aseguraron que el documento era solo para «uso interno» y con fines «consultivos», como quien se hace una lista de la compra pero con personas. «Pedimos disculpas a los profesionales que se hayan sentido ofendidos», dijeron, en lo que suena a un «lo siento si te molesta que te espíe». El ministro Grande-Marlaska remató la faena declarando que el dosier no tenía «ninguna finalidad espuria». Claro que no, ministro, seguro que solo era para saber a quién invitar a la próxima barbacoa del ministerio y a quién sentar en la mesa de los niños.

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