Al parecer, el apocalipsis ha llegado, y no en forma de meteorito, sino de un reporte de la OCDE. Los resultados de la prueba PISA desataron un drama digno de telenovela, con expertos corriendo en círculos y rasgándose las vestiduras. El motivo: el desempeño académico post-pandemia.
En medio del caos, Ariadna Montiel Reyes, la dirigente nacional de Morena, tuvo que aparecer cual pacificadora con un extintor de histeria. Con la paciencia de un santo explicando el fuera de lugar, recordó un detallito que los genios del análisis parecieron olvidar: una pandemia global que encerró a los estudiantes por dos años. Mencionó que hasta su propia hija tuvo que sobrevivir al temido régimen del Zoom, una experiencia que apenas sirve para juntas corporativas, mucho menos para aprender lectoescritura. La líder guinda aseguró que la Secretaría de Educación Pública ya está trabajando para recuperar el terreno perdido, revirtiendo las ocurrencias de la reforma de Peña Nieto y, en su lugar, invirtiendo en mejorar las condiciones de los maestros. Mientras la OCDE señalaba que solo el 30 por ciento de los alumnos alcanza competencias básicas en matemáticas, Montiel subrayó que la administración de Claudia Sheinbaum está en el camino correcto, enfocada en soluciones reales y no en alimentar el pánico mediático. Básicamente, les dijo que dejaran de chillar y se pusieran a ayudar.
Así que, mientras algunos prefieren organizar un funeral por la educación nacional basándose en una evaluación, el gobierno insiste en seguir trabajando. Es la vieja historia: unos se dedican a gritar que la casa se quema y otros, tranquilamente, van por la cubeta de agua.





