Analista advierte que el mercado financiero tiene más nervios que un gato en un cuarto lleno de mecedoras

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Si usted siente que el mundo financiero anda más tenso que cuerda de violín, no es su imaginación. Resulta que un estratega de Barclays, de nombre Emmanuel Cau, salió a decir lo que todos sospechaban pero nadie se atrevía a admitir en voz alta: los inversionistas andan con el Jesús en la boca. Entre la mala racha histórica de septiembre, las elecciones y unas nuevas empresas de inteligencia artificial que amenazan con llevarse todo el dinero, el ambiente está para comprarse un casco y rezar lo que se sepa.

El principal villano de esta telenovela son los bonos del Tesoro. Sus rendimientos están trepando más rápido que un chisme en la oficina, acercándose peligrosamente al 4,8%. Ese número es como el coco para los accionistas; el umbral del 5% es la frontera donde todos empiezan a sudar frío y a buscar un lugar para esconderse bajo el escritorio. Es el equivalente financiero a que tu pareja te diga seriamente «tenemos que hablar».

El propio Cau describió este lío con las tasas de interés como el «elefante en la habitación». Pero no es un elefante cualquiera, es uno que está aprendiendo a bailar claqué sobre una mesa de cristal. La Reserva Federal, que toma decisiones basándose en datos como si estuviera leyendo el horóscopo, solo añade más combustible al fuego de la incertidumbre, provocando que el mercado se haya vuelto hipersensible; cualquier estornudo de la economía lo hace saltar hasta el techo.

Ahora todo pende de un hilo, esperando las próximas cifras de inflación y empleo de Estados Unidos. Si los números son tranquilos y se portan bien, el mercado podría darse un respiro y hasta celebrar como si fuera quincena. Pero si las cifras salen más calientes que un comal, prepárense para ver a los corredores de bolsa correr en círculos, presas del pánico y buscando la salida de emergencia más cercana.

Para colmo de males, septiembre tiene fama de ser un mes para llorar en los mercados, es como el lunes de los meses del año. Y como si eso no fuera suficiente, las próximas salidas a bolsa de empresas tecnológicas son como los parientes nuevos que llegan a la fiesta y se acaban toda la botana (en este caso, la liquidez). En resumen, la recomendación de los que saben es andar con pies de plomo, o mejor aún, hacerse bolita y esperar a que pase el temblor.

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