Un mandamás de la Reserva Federal insinúa una tregua y los bonos se emocionan como si fuera viernes de quincena

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Imaginen a ese jefe gruñón que siempre exige más y más, y de repente un jueves por la tarde dice: «quizás podríamos tomárnoslo con más calma». Pues algo así pasó con Christopher Waller, uno de los gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos, quien soltó la perla de que se inclinaría por no subir las tasas de interés si la cosa se tranquiliza. El mercado, que vive con los nervios de punta, reaccionó como un adolescente al que le cancelan un examen sorpresa, provocando un alivio generalizado en los bonos del Tesoro.

El truco, claro, está en la letra pequeña. Waller condicionó su repentina bondad a que la inflación siga moderándose, como un dragón que se va a dormir la siesta. El detallito es que el indicador favorito de la Fed para medir los precios anda por el 3.7%, cuando el objetivo soñado es un modesto 2%. Es el equivalente a prometer que te pondrás a dieta, pero solo después de acabarte el pastel que queda en el refrigerador.

Apenas Waller terminó de hablar, el dólar se sintió tan inseguro que perdió valor contra todas las monedas importantes del vecindario, como si de pronto se diera cuenta de que nadie lo había invitado a la fiesta. Los rendimientos de los bonos cayeron, especialmente el de dos años, que es más sensible a los chismes de la Fed que tu tía a los de la familia. La probabilidad de una nueva subida de tasas pasó de ser casi un hecho a un volado en el aire.

Lo más divertido es que este señor Waller ha cambiado de bando más veces que un político en campaña electoral. Hace no mucho era de los que pedían mano dura sin piedad, y ahora adopta una postura de «veremos qué pasa». Esta indecisión se alimenta de datos económicos que son un completo revoltijo: por un lado, el sector servicios va como cohete, pero por otro, su componente de empleo se encoge.

Así que el mundo financiero ahora espera el informe de empleo de agosto como si fuera el capítulo final de una telenovela malísima para ver si el protagonista se queda con la buena o con la villana. Y para rematar el drama, después del próximo feriado se viene una avalancha de nueva deuda a la venta. Es decir, aunque las noticias sean buenas, la cruda financiera del lunes podría arruinar cualquier celebración.

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