El festín de deuda de las tecnológicas le causa acidez estomacal a Wall Street

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Si usted notó que los bonos del Tesoro de Estados Unidos andaban más raros que político honesto, no es su imaginación. La culpa, como casi siempre últimamente, es de las grandes empresas de tecnología, que han decidido emitir deuda como si no hubiera un mañana. El mercado financiero, cual comensal en un bufé libre, está tratando de tragarse todo, pero ya se le notan los primeros síntomas de una indigestión financiera de proporciones épicas.

El primer culpable de este atracón es el grupito de gigantes tecnológicos que manejan centros de datos. A estas compañías les dio por ampliar sus planes de inversión con la misma mesura que un adolescente con la tarjeta de crédito de sus padres. Como resultado, pasaron de tener las arcas llenas a mostrar telarañas en la caja fuerte, viéndose obligados a salir a pedir prestado hasta para el café de la oficina.

Luego, para echarle más leña al fuego, apareció SpaceX, la empresa de cohetes del magnate con ideas extravagantes, con una emisión de bonos que nadie vio venir. Fue tan inesperado como encontrar un billete de quinientos en un pantalón viejo, sobre todo porque la compañía acababa de recaudar una millonada vendiendo acciones. A este desfile se unieron las empresas de semiconductores, que también salieron a pedir dinero a pesar de que sus finanzas parecían más sanas que una ensalada de lechuga.

Como era de esperarse, el mercado empezó a sentir el empacho. Los diferenciales de los bonos corporativos subieron unos 8 puntos básicos, lo que en términos simples significa que al mercado le está costando un poquito más digerir tanta deuda. Sin embargo, los inversores, con un apetito que ya quisiera un náufrago, siguen comprando todo lo que les ponen enfrente, manteniendo los niveles de riesgo relativamente bajos por ahora.

Según los analistas de Deutsche Bank, que observan todo con su lupa de sabelotodo, la cantidad de deuda nueva este año superará el récord de 2020, cuando todos pedían prestado por el pánico de la pandemia. A pesar de esto, el banco alemán asegura que la demanda sigue siendo más fuerte que el vinagre y ha absorbido la oferta sin mayor problema. Fuera del circo tecnológico, el resto de las empresas se ha portado bien y no ha salido a endeudarse masivamente.

En resumen, aunque el banquete de deuda tecnológica está provocando ciertos retortijones en las tripas de la renta fija, todavía es pronto para llamar a la ambulancia. Los expertos concluyen que la situación es más una molestia gástrica localizada que una intoxicación general. Por ahora, basta con un antiácido y cruzar los dedos para que los chefs de Silicon Valley decidan cerrar la cocina por un rato.

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