Como si hubieran leído el futuro en las hojas de la yerba mate, los genios de la Consultora W sacaron su bola de cristal y nos trajeron una predicción para el año 2026 que es menos alentadora que un lunes por la mañana. Según sus cálculos, más de la mitad de los hogares argentinos, un contundente 52%, formará parte de los segmentos de clase baja. Parece que el sueño de la casa propia y el auto nuevo se está convirtiendo en el sueño de llegar a fin de mes sin vender un órgano.
En la cima del Olimpo económico, en un club más exclusivo que asiento de primera fila en un concierto de despedida, se encuentra la clase alta. Este selecto grupo representa apenas al 5% de la población. Para siquiera tocar la puerta de este paraíso terrenal, una familia necesita ingresos de por lo menos 9 millones de pesos al mes, aunque el promedio de los que ya están adentro es de unos jugosos 14 millones. Con ese dinero, probablemente usan billetes de cien pesos para prender el asado.
Bajando un par de escalones, pero todavía con vista al mar, tenemos a la clase media alta y la clase media baja, que juntas suman un 43% de los hogares. Los de la media alta, un 17% del total, arrancan con 4,5 millones y promedian los 6,5 millones, lo suficiente para quejarse del país desde un destino turístico. Luego vienen los de la media baja, el 26%, que con un piso de 2,5 millones y un promedio de 3 millones, viven en ese limbo de poder pagar las plataformas de streaming pero rezando para que no se rompa el lavarropas.
Y ahora, llegamos a la parte mayoritaria del país, donde la cosa se pone más concurrida que el transporte público en hora pico. Un 30% de los hogares pertenece a la fascinante categoría de “clase baja no pobre”, una especie de premio consuelo que te dice “felicidades, no eres pobre… por ahora”. Este grupo tiene un ingreso promedio de 2,2 millones de pesos. Justo debajo de ellos, cruzando una línea de pobreza de 1,5 millones, está el 22% restante de los hogares, que subsisten con un promedio de 1 millón de pesos al mes.
Así que el panorama para 2026, según este vaticinio, es una pirámide social que se parece más a un obelisco con una base gigantesca. Mientras el 5% se pregunta si comprar un yate nuevo o invertir en arte, el otro 52% estará perfeccionando el arte de hacer malabares con las cuentas. Básicamente, la sociedad argentina se dividirá entre los que cuentan millones y los que cuentan los días para poder cobrar.





