Pese a que la relación con el vecino del norte a veces parece una telenovela donde nadie se pone de acuerdo ni para elegir el canal, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a aclarar lo obvio con tono de quien ya se cansó de explicar lo mismo en la junta de condóminos: México quiere plática, cooperación y hasta compartir los cacahuates, pero de rodillas ni madres.
Dijo que se apega a la Constitución como quien se aferra al cinturón en carretera llena de baches, y que los puentes de colaboración están abiertos… siempre y cuando el de enfrente no pretenda convertirlos en pasarela de subordinados. En lo comercial hay diálogo permanente, de esos que no paran ni en Navidad, buscando que los dos salgan ganando y no que uno se lleve el guajolote entero mientras el otro se queda oliendo la caja.
En seguridad repitió sus cuatro mandamientos con cara de “ya los escribí en la pizarra, no me hagan repetirlos”: respeto a la soberanía, responsabilidad compartida (nada de echarse la bolita), confianza mutua y cooperación sin subordinación. Traducción libre al lenguaje de cantina: podemos ser cuates, pero no me pidas que te lustré los zapatos mientras tú decides quién entra a mi sala.
El tema que más le encendió los focos fue el trato a los mexicanos del otro lado. Con la cara de quien ya revisó demasiados reportes feos, recordó que 17 connacionales han muerto en centros de detención y operativos, y que México no se va a quedar calladito viendo cómo tratan a los suyos. Exigió derechos humanos de verdad, no de los que se anuncian en conferencia y se evaporan en la práctica.
Para los que regresan, el programa México te abraza ya recibió a más de 281 mil paisanos con algo más útil que un “ahí te ves”: apoyo concreto para no aterrizar de golpe en el vacío. Porque resulta que defender a los mexicanos y seguir hablando con el vecino sí se puede hacer al mismo tiempo, siempre que nadie confunda la amistad con contrato de vasallaje.
Al final Sheinbaum lo dejó clarito, como recado en el refrigerador: queremos diálogo y entendimiento con todo el mundo, pero cooperación no es sometimiento y amistad no es renunciar a los principios. O sea, la puerta está abierta… la rodilla, bien cerrada.





