El Congreso aprueba otra prórroga para no quedarse sin sueldo otra vez

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Miren nada más el espectáculo: la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el martes, con una mayoría tan abultada que hasta parecía final de fútbol con el estadio lleno, una ley para que los organismos federales no cierren el chorro el 1 de octubre. Porque sí, ese día se acaban los fondos y empieza el nuevo año fiscal, y nadie quería volver a vivir el drama del “se nos apagó la luz del gobierno”.

Por 370 votos a favor y 48 en contra —o sea, casi todos levantaron la mano como quien acepta el café gratis en la oficina—, mandaron la prórroga del gasto actual hasta el 11 de diciembre directo al escritorio de Donald Trump para que la firme. El Senado ya había dicho que sí el 8 de agosto. Era parche de emergencia, de esos que pones con cinta adhesiva cuando el carro ya echa humo, porque el Congreso no ha terminado ni uno solo de los doce proyectos de ley de gastos del año completo (de octubre de 2026 a septiembre de 2027). Programas de seguridad, policía federal, energía, vivienda, defensa… todo colgando de un hilo más fino que la paciencia de quien espera el elevador en hora pico.

Desde que Trump volvió al balcón, republicanos (que mandan) y demócratas (que estorban con ganas) se han agarrado del chongo por las ayudas del seguro médico y por cuánto poder les dejan a los agentes de inmigración. Resultado: tres cierres parciales del gobierno que suman 161 días. Un récord tan vergonzoso que hasta da cringe continental. Esta vez nadie quería el cuarto cierre encima, menos con elecciones encima y votantes ya hasta la coronilla por el precio del huevo, la renta, la guerra contra Irán y los aranceles que les están dejando a los agricultores cara de “¿y ahora quién paga la fiesta?”.

En el debate de esta “resolución continua” (nombre elegante para “vamos a patear la lata un rato más”), el presidente de la Comisión de Asignaciones, Tom Cole, de Oklahoma, lo dijo sin anestesia: esto le da tiempo al Congreso para pasar las elecciones de noviembre sin que el electorado les aventé el zapato. Traducción libre: mejor no molestar al personal mientras pedimos voto, no sea que la gente recuerde que les cerraron las oficinas federales tres veces y todavía no aprenden a ponerse de acuerdo ni para pedir una pizza.

Y así, con el clásico “ya lo resolvemos después de los comicios”, el gobierno federal se gana unos meses más de vida artificial. Como esas series que renuevan por una temporada extra solo para no admitir que ya no saben cómo terminar la trama.

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