El Congreso le pone una curita al presupuesto para no pelearse en campaña

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La Cámara de Representantes de Estados Unidos, esa gran telenovela donde nadie se pone de acuerdo ni para pedir la cuenta, aprobó el martes por goleada una ley para que los organismos federales no se queden sin luz, sin café y sin excusas a partir del 1 de octubre. Con 370 votos a favor y solo 48 en contra —los 48 que todavía creen que el drama da rating—, mandaron la prórroga del gasto actual hasta el 11 de diciembre directo al escritorio de Donald Trump para que la rubrique como quien firma la lista del súper.

El Senado ya había dicho “sí, dale” el 8 de agosto. Hacía falta el parche porque el Congreso, con la agilidad de un abuelo buscando las llaves, no ha terminado ni uno solo de los doce proyectos de ley que deberían financiar al gobierno todo el año fiscal. Hablamos de seguridad nacional, policías federales, energía, vivienda y defensa: o sea, de casi todo lo que impide que el país se convierta en un reality sin guionista.

Desde que Trump volvió a la Casa Blanca, republicanos y demócratas se han enzarzado como vecinos disputándose el tendedero. Resultado: tres cierres parciales del gobierno que suman 161 días, un récord tan absurdo como coleccionar tickets del súper vencidos. Se pelearon por el seguro médico y por cuánto poder darle a los agentes de inmigración, mientras el reloj corría y los empleados públicos contaban las horas como quien espera el fin de una junta eterna.

Esta vez, ni unos ni otros querían un cuarto cierre pegándoles en la cara justo cuando salen a pedir el voto. Los electores ya van irritados por el precio de la comida y de la vivienda, por la guerra de Estados Unidos contra Irán y por unos aranceles que les han caído a los agricultores como suegra en domingo por la mañana. Nadie quiere que le echen la culpa de apagar las luces del gobierno en plena campaña.

Durante el debate de esta “resolución continua” —nombre elegante para “vamos a patear la bola un rato más”— el presidente de la Comisión de Asignaciones, Tom Cole, de Oklahoma, lo dejó clarito con la delicadeza de quien comenta el clima para no hablar de la suegra: “Esto le dará tiempo al Congreso para superar las elecciones de noviembre”. Traducción libre: tapemos el hoyo hasta que pase la tormenta electoral, y ya peleará el que quede.

Así que ahí va la prórroga, como una extensión de plazo en el banco: nadie soluciona el problema de fondo, pero al menos nadie se queda sin sueldo mientras arman el próximo capítulo de la riña. El presupuesto sigue en modo “ya veremos”, los votantes siguen mirando el ticket de la compra con cara de póker, y Washington demuestra una vez más que su verdadero deporte olímpico es aplazar lo inevitable con cara de “misión cumplida… más o menos”.

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