Kristalina Georgieva describió la economía global como un barco azotado por la tormenta entre inflación alta, deudas y guerras comerciales. Según ella, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz y disparado los precios de la energía, aunque el mundo ha capoteado la crisis mejor de lo esperado. El FMI bajó por segunda vez su previsión de crecimiento a 3.0 por ciento para este año, frente al 3.1 por ciento de abril.
El impacto de la guerra ha sido asimétrico y depende de cuánto petróleo importe cada país y de su estabilidad económica. Mientras la energía tira hacia arriba de la inflación, la inteligencia artificial genera un impulso de demanda que contrarresta un poco el tirón. Georgieva advirtió que el invierno en el hemisferio norte aumentará el consumo energético y podría provocar un nuevo salto de precios.
Un repunte adicional del petróleo avivaría la inflación y obligaría a los bancos centrales a mantener las tasas altas. Eso encarecería el servicio de la deuda y frenaría la actividad económica en muchos países. El organismo mantiene que los riesgos están más equilibrados que en abril, aunque siguen inclinados a la baja y la incertidumbre sigue siendo elevada.
Georgieva se mostró optimista con el efecto de la inteligencia artificial sobre la economía mundial. Las inversiones masivas en esta tecnología están creando un viento favorable que empuja el barco aunque el mar siga revuelto. El contraste entre tormenta energética y motor artificial se ha convertido en el relato oficial del Fondo.
Las familias y empresas seguirán sintiendo el tirón de los precios mientras dure el conflicto y el invierno. La metáfora del barco azotado por la tormenta, con la IA como posible salvavidas, resume la visión actual del organismo. Por ahora, el barco flota, pero nadie garantiza que no se moje más de la cuenta.





