En Palacio Nacional, Rommel Pacheco llegó con la sonrisa de quien acaba de descubrir que el medallero también sirve para pagar hipotecas. México terminó tricampeón en Santo Domingo 2026 con 407 medallas: 167 de oro, 125 de plata y 115 de bronce. Un récord que dejó atrás la marca anterior por 22 oros y 23 metales totales, todo gracias al Plan Anual de Alto Rendimiento que organizó el esfuerzo como si fuera una cadena de producción de trofeos.
El titular de la Conade explicó que más de mil millones de pesos financiaron campamentos, concentraciones y el trabajo de 698 atletas junto a más de cincuenta federaciones. Otros sesenta millones cubrieron vuelos, uniformes y logística en la fase final. Las deportistas mexicanas lideraron la cosecha con 198 medallas, ochenta y tres de ellas de oro. La nueva generación de jóvenes que subió al podio por primera vez demostró que el relevo generacional ya no es promesa, sino factura pagada.
La sorpresa llegó con el cambio de reglas: antes solo se premiaba la mejor medalla; ahora se pagan todas. La presidenta Sheinbaum decidió que cada metal cuenta, así que nadadores, arqueros y gimnastas verán multiplicados sus incentivos como si el tesoro nacional se hubiera convertido en una máquina expendedora de reconocimientos. El esquema se mantiene rumbo a Lima 2027 y Los Ángeles 2028.
Al final, el mensaje quedó claro: cuando el gobierno decide premiar hasta el último metal, el único que pierde es el que no se entrena.




