La gran operación espía en Negroni: cuando una pizza de 370 pesos amenaza la república

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En plena era de la austeridad oficial, Citlalli Hernández Mora decidió comer en un restaurante de la Ciudad de México y, para evitar el escándalo prefabricado, publicó ella misma las fotos de quienes la espiaban. El resultado fue un operativo de inteligencia digno de una serie de espías de barrio: dos personas, presuntamente vinculadas a la oposición, capturando imágenes mientras la morenista disfrutaba su almuerzo en una de las tres sucursales de Negroni.

La exsecretaria de las Mujeres no esperó a que las redes de bots activaran el protocolo de indignación nacional. En su cuenta de X denunció el acoso, el clasismo y la obsesión de quienes prefieren fotografiar a una funcionaria antes que debatir ideas. Recordó que la austeridad implica no gastar del erario, no prohibir el uso de dinero propio los domingos. También señaló que criticar el cuerpo de una mujer resulta más sencillo que armar argumentos políticos serios.

Los críticos, encabezados por comunicadores como Pedro Ferriz, compartieron las imágenes y especularon sobre su acompañante, supuestamente otra legisladora de Morena. Mientras tanto, el menú real seguía su curso: pizzas entre 300 y 700 pesos según plataformas de entrega, sin que el erario pagara un solo ingrediente.

Al final, Hernández Mora ofreció una recomendación práctica y cerró el episodio con una invitación directa: si querían la foto, bastaba con pedirla. La tormenta mediática quedó reducida a un capítulo de obsesión fotográfica en plaza comercial, mientras la política real continuaba su marcha sin privilegios a costa del presupuesto público.

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