La economía de Rusia avanzó un 1.3 por ciento en el segundo trimestre de 2026, recuperándose de una caída del 0.2 por ciento en los tres meses anteriores. El consumo, sobre todo en ocio y compra de automóviles, fue el motor principal de este repunte que superó las previsiones oficiales del 0.9 por ciento. El año pasado, en el mismo periodo, el crecimiento había sido del 1.1 por ciento.
El Banco de Rusia atribuyó la mejora a una recuperación moderada tras los efectos del calendario y el clima del trimestre anterior. A pesar de las sanciones por la ofensiva en Ucrania y los elevados gastos en defensa, el país mantiene una deuda pública baja, cercana al 16 por ciento del producto interno bruto. Además cuenta con fondos soberanos que superan los 170 mil millones de dólares.
Los ingresos por hidrocarburos aumentaron notablemente desde que estalló el conflicto en Oriente Medio a finales de febrero. Sin embargo, la inflación alta, los costes de financiación elevados y la escasez de mano de obra siguen complicando el panorama. Más de cuatro años después de la invasión a gran escala, estos problemas persisten sin solución a la vista.
La gente gasta en autos y tiempo libre como si la guerra y las sanciones fueran solo un mal recuerdo de la tele. Mientras tanto, la falta de trabajadores se siente como buscar un mecánico que no cobre extra por venir en horario laboral. El gobierno celebra el crecimiento pero sigue dependiendo del petróleo que sube de precio gracias a otro conflicto lejano.
Al final, la economía rusa se comporta como un conductor que acelera después de un semáforo en rojo mientras revisa el retrovisor por si vienen multas. El consumo en ocio y coches mantiene el motor encendido, aunque la inflación y la escasez de personal amenazan con dejarlo sin gasolina en cualquier curva. Los números suben, pero la sensación de que todo depende de guerras ajenas sigue flotando como el humo de un escape defectuoso.




