El viernes 23 de octubre la mezcla mexicana de petróleo alcanzó los 107 dólares por barril, según los datos diarios de Pemex. El precio, calculado con fórmulas por región y el cierre de cotizaciones, parece más un boleto de lotería que un estimado técnico. Mientras tanto, la producción de 2020 llegó a un millón 705 mil barriles diarios, cuatro mil más que en 2019, rompiendo una caída de década y media como si la industria hubiera decidido dejar de bajar las escaleras de espaldas.
La mezcla se divide en Maya, Istmo y Olmeca, con 54 por ciento de crudo pesado, 33 por ciento ligero y 12 por ciento superligero. La Maya, la más exportada y competitiva, rinde menos en gasolinas pero resulta ideal para energía doméstica, como si el país hubiera apostado por el café de olla en vez del espresso. El Istmo ofrece mejor rendimiento en destilados intermedios y la Olmeca, extra ligera, sirve para lubricantes y petroquímicos. En 2020 Pemex exportó en promedio 140 mil barriles diarios de crudo ligero, mientras la producción total superó en cuatro millones de barriles la de 2019.
Pemex aportó el 98.8 por ciento de la producción nacional, frente al 1.2 por ciento de privados, gracias en parte a 146.5 mil barriles diarios de campos nuevos iniciados en 2019. El mercado puede subir o bajar, pero la petrolera estatal sigue como el jugador principal que no se retira del partido aunque le silben.
Al final, 107 dólares por barril y una racha rota de 15 años demuestran que, cuando el crudo coopera, hasta las estadísticas parecen tener sentido del humor.




