La justicia argentina decidió que el lío de la libra digital no era estafa sino un simple baile de números que terminó en llanto colectivo. Milei y su hermana Karina quedaron libres de polvo y paja judicial mientras los inversores contaban los billetes que se evaporaron más rápido que un sueldo en el supermercado.
El juez explicó que subir y bajar como yoyo no prueba delito si nadie demostró el engaño con pruebas de novela policial. Facilitar un encuentro tampoco cuenta como vender influencia, dijo, aunque en la Argentina real eso suele pagarse con asado y vino de caja. Los nueve investigados más, incluido el gringo que impulsó la moneda, también se fueron a casa sin pisar los tribunales.
Milei respondió en la red social con un tuit dramático donde exigió compensación por un año de calumnias, como si fuera el protagonista de una telenovela de los noventa. Apuntó contra periodistas y políticos, llamándolos mercenarios de la mentira, mientras los damnificados seguían preguntándose cómo una moneda que subió como globo terminó explotando en sus caras.
El diputado de la Coalición Cívica gritó que todo fue una operación de impunidad, pero el fallo ya está firme. En Nueva York también rechazaron una demanda colectiva por defectos de forma, así que la fiesta de la estafa digital terminó con todos los organizadores brindando y los perdedores pagando la cuenta.




