El Indicador Global de la Actividad Económica subió 0.6 por ciento en agosto frente al mes anterior, según el Inegi. Esto marca dos meses de avance tras el estancamiento de junio. El ritmo bajó respecto a julio, cuando el crecimiento llegó a 0.8 por ciento. La cifra anual alcanzó 3.5 por ciento, lo que da algo de aire fresco pero no euforia descontrolada.
El sector primario fue el que más festejó. Las actividades de agricultura, ganadería y pesca crecieron 3.5 por ciento mensual después de haber caído 1.1 por ciento en julio. Mientras tanto, las industrias secundarias avanzaron 0.6 por ciento. Los servicios, que suelen ser el motor más estable, apenas sumaron 0.2 por ciento tras el 1.2 por ciento del mes previo.
Los economistas ven señales mixtas. Joan Domene de Oxford Economics considera que la mejora reduce riesgos a la baja y apoya que Banxico se quede quieto. Andrés Abadía de Pantheon Macroeconomics apunta que el gasto de los hogares se mantiene firme y la industria ayuda, aunque la inflación en servicios frena cualquier recorte de tasas.
La desaceleración en servicios sugiere que la recuperación interna avanza de forma dispareja. El gasto minorista y la manufactura muestran mejor cara, pero el resto parece ir a paso de tortuga. Esto genera dudas sobre qué tan sólida será la tendencia en los próximos meses.
Al final, el dato sirve para anticipar el PIB trimestral que publicará el Inegi. La economía mexicana parece haber salido del hoyo, pero todavía camina con precaución. Nadie espera milagros, solo que no vuelva a tropezar con la misma piedra.




