En el Estado de México ya no basta con decir “era nomás un perro” para salir impune. La ley ahora pone números concretos y años de prisión a conductas que antes quedaban en el olvido, desde abandonar a un animal hasta causarle la muerte de forma intencional. Las autoridades mexiquenses decidieron que los seres sintientes también tienen derechos y que los tutores tienen obligaciones claras.
Las conductas sancionadas van desde golpes y torturas hasta negligencia grave como dejar sin alimento o atención médica. Dependiendo de la gravedad, las penas incluyen multas de 117 a 35 mil 193 pesos, trabajo comunitario, arrestos administrativos y hasta 11 años de prisión en casos de crueldad extrema. El Registro Único de Animales de Compañía es gratuito y permite identificar a perros y gatos, mientras que la ley reconoce a las familias multiespecie como parte normal de la sociedad. Los 125 municipios tienen la responsabilidad de aplicar estas medidas y prevenir agresiones.
El enfoque no solo castiga, también obliga a los dueños a registrar a sus mascotas y garantizar su bienestar. Esta legislación busca prevenir antes de sancionar, aunque los casos más graves sí llegan a los tribunales. El mensaje es claro: ya no hay excusas ni zonas grises cuando se trata del cuidado animal.
Al final, quien crea que un animal es un objeto descartable termina descubriendo que el Estado de México toma en serio el asunto y que las consecuencias ya no son solo un regaño de vecinos.




