El Partido Liberal decidió que ya basta de tanto diálogo y mandó al senador Rogério Marinho a pelear por la silla del senado en el bienio 2027-2028, como quien envía a un sobrino al ring de lucha libre para vengar al tío que perdió la apuesta. Marinho, de 62 años y actual jefe de la oposición, salió de una reunión en Brasilia con el respaldo de los 29 senadores del partido, que se jactan de tener la bancada más grande y más ruidosa de la Cámara.
El propio Marinho soltó que, si Dios quiere, se quedarán con la presidencia del Congreso y que respetará la disidencia porque son demócratas y no quieren que los acusen de meter la pata hasta el fondo. La elección será el 1 de febrero de 2027 y el ganador necesitará al menos 41 votos secretos, como si el senado fuera un casino donde se decide quién paga la cuenta de la cena.
Alcolumbre, que ya disfruta del cargo, ahora busca la reelección después de coquetear con el gobierno de Lula y juntar apoyos del centro político, mientras el PL intenta sumar aliados fuera de su propio corral. Marinho ya había probado suerte en 2023 contra Rodrigo Pacheco y salió con el rabo entre las piernas, pero conservó el puesto de líder opositor y hasta dirigió la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro, que perdió el balotaje frente a Lula por un puñado de votos.
Tras la derrota, Flávio y su familia salieron de Brasil como quien huye de una fiesta donde ya apagaron las luces. Cruzaron a Argentina, tomaron un avión privado en Puerto Iguazú y aterrizaron en Florida después de una escala en Guayaquil, dejando al PL con ganas de revancha y al senado convertido en el escenario perfecto para otra telenovela de traiciones, abrazos y promesas que duran menos que un café frío.




