El canciller alemán Friedrich Merz marcó el teléfono como quien pide una pizza a medianoche y se encontró con Donald Trump al otro lado de la línea. El motivo era la guerra de Ucrania y esas conversaciones misteriosas que se avecinan en Abu Dabi, un lugar que suena más a vacaciones de jeques que a paz mundial.
Según el portavoz alemán, Merz está metido hasta el cuello en las ideas de Trump. La llamada llegó justo después de que el presidente estadounidense confesara que se había visto a solas con Kirill Dmitriev, el enviado de Putin, tras un evento en la Casa Blanca organizado por Melania. El ruso apareció como invitado sorpresa y Trump, en lugar de aclarar nada, soltó que pronto habría un acuerdo para acabar con la guerra.
El portavoz alemán explicó que la charla servía para preparar el formato de las negociaciones en Abu Dabi o en cualquier otro sitio que se les ocurriera. Mientras tanto, Trump sigue presumiendo de su encuentro secreto como si hubiera descubierto el final de una telenovela antes que nadie. Los diplomáticos, por su parte, siguen moviendo hilos como si estuvieran organizando una boda entre suegras que se odian.



