Vladimir Putin firmó un decreto para controlar temporalmente las operaciones de Japan Tobacco International en Rusia, dejando a la empresa como la última en perder el control de sus fábricas locales en medio de una ola de incautaciones que parece sacada de una telenovela rusa de bajo presupuesto. La medida cayó como bomba en Tokio, donde las relaciones con Moscú ya estaban más tensas que las cuerdas de un acordeón en una fiesta de pueblo.
Las acciones de cuatro filiales de JTI, el mayor fabricante de tabaco del país, pasaron a manos de la empresa rusa Industrial Assets, según el decreto del jueves. El gobierno japonés, que posee cerca del 37 por ciento de Japan Tobacco, dueña de marcas como Winston y Camel, vio cómo sus títulos se desplomaban el viernes hasta el límite diario permitido, con más órdenes de venta que gente huyendo de una boda sin pastel.
La ministra de Finanzas japonesa, Satsuki Katayama, declaró que su gobierno ha exigido constantemente a Rusia que no perjudique los intereses de empresas y ciudadanos nipones, aunque el Kremlin no dio ninguna explicación oficial y solo recordó que estas medidas van contra países considerados hostiles. JTI respondió por correo que está evaluando la situación y priorizando a sus trabajadores, mientras el negocio ruso representa el 10 por ciento de sus ingresos y el 25 por ciento de su beneficio operativo.
Al final, los cigarros terminaron en manos rusas como si fueran la última cerveza en una parrilla de fin de semana, y Tokio quedó más indignado que un taxista en hora punta sin propina.



