Santiago Peña se metió en un lío que parece sacado de una telenovela de horario estelar: el Ueno Bank cerró sus puertas, casi tres millones de ahorristas se quedaron sin un guaraní y el Congreso decidió someterlo a juicio político con el apoyo de su propio partido. El mandatario, en vez de escapar por la ventana como en las series baratas, anunció que se presentará a defenderse porque “la ciudadanía merece la verdad”. Claro, mientras tanto miles de manifestantes ya están en las calles quemando neumáticos y pidiendo cabezas.
La sesión en el Senado empezó como un partido de fútbol sin árbitro. Rechazaron la prórroga de 72 horas que pidió Peña, le dieron solo 30 minutos para aparecer y, cuando los abogados llegaron sin él, el cuarto intermedio de 45 minutos sirvió para que los legisladores coordinaran cómo rematarlo. Los alegatos finales prometen ser más largos que una siesta paraguaya en verano.
En las calles de Asunción el calor ayudó a la fiesta: estudiantes de medicina repartieron hielo, empresas privadas llevaron agua con la consigna “basta de tibios” y los gremios bloquearon el Ministerio de Trabajo como si fuera una final de la Copa Libertadores. Los bomberos, mientras tanto, tuvieron que reducir a un solo móvil porque sus fondos también quedaron congelados. Nada como ver a los que apagan incendios sin plata para la nafta.
Los abogados de Peña, Adolfo Ferreiro y Ricardo Preda, llegaron al Congreso con cara de quien va a defender a un cliente que ya tiró la toalla. Uno dijo que el proceso viola el debido proceso y que “es como demandar a un señor que ya te pagó”. El otro recordó que la renuncia debería cerrar todo, pero el Senado no quiere ni oír hablar de aceptar la dimisión porque eso le daría fuero de senador vitalicio y complicaría todo.
Mientras tanto, la oposición ya habla de corralito, saqueo y complicidad estatal con el IPS. La senadora Esperanza Martínez lo definió como “la tercera parte de la telenovela”. Los manifestantes rompieron vidrios de una sucursal del banco y la policía respondió con gases. El país parece un capítulo de “Los Simpson” pero sin la risa fácil.
Al final, el juicio sigue su curso y Peña tendrá que sentarse en el banquillo aunque ya no quiera ser presidente. Los senadores prometen dictar sentencia antes del lunes. En Paraguay, cuando el banco se cae, también se tambalea la silla presidencial y nadie sabe quién pagará la cuenta.



