Lula gana por un puñado de votos y el mundo entero le manda flores

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Lula da Silva se proclamó campeón de Brasil con un 51,79 por ciento de los votos, apenas un suspiro más que el 48,21 de Flávio Bolsonaro, en una segunda vuelta que dejó a medio planeta respirando aliviado y a la otra mitad buscando el botón de pánico. El tipo va por su cuarto mandato y ya parece el vecino que nunca se muda aunque le digan que el edificio se cae.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, soltó en X que la democracia había ganado y que Europa y Brasil iban a seguir juntos como dos borrachos en una boda que juran que van a hablar todos los días. António Costa, el del Consejo Europeo, llamó por teléfono a Lula como quien pide fiado al tendero y prometió profundizar lazos, enfrentar desafíos y no sé cuántas cosas más que suenan muy bien hasta que llega la cuenta.

Pedro Sánchez, el español, no se anduvo con rodeos: dijo que lo de Lula se iba a repetir en España el 29 de noviembre y que la remontada del progresismo ya estaba en marcha. Los sondeos en su país lo dejan segundo, pero él insiste en que va a remontar como quien promete que el próximo viernes no va a beber y ya tiene la nevera llena de cervezas.

Del otro lado del planeta, China aseguró que respetaba la decisión del pueblo brasileño mientras Flávio Bolsonaro pedía anular la elección como un niño que pierde en el fútbol y reclama penalti inexistente. Sudáfrica lo llamó victoria del Sur Global, que suena a que ahora van a compartir más asados y menos sermones de los países ricos.

En América Latina la cosa fue de puro abrazo y foto. Claudia Sheinbaum dijo que ganó el pueblo, Díaz-Canel habló de victoria histórica, y hasta Keiko Fujimori pidió cuidar la Amazonía antes del bicentenario de las relaciones con Brasil. Todos contentos, todos sonrientes, todos dispuestos a firmar acuerdos que después nadie cumple.

Al final Lula tiene la presidencia, el teléfono lleno de mensajes de felicitación y la certeza de que, en política, ganar por dos puntos es como salir de una pelea con el ojo morado pero el otro intacto: lo suficiente para decir que venciste, pero no tanto como para presumir.

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