Los jóvenes inversores menores de treinta años están moviendo su dinero como si las elecciones de medio mandato fueran el fin del mundo financiero. Casi tres cuartas partes de ellos modificaron sus carteras o planean hacerlo, una tasa cuatro veces mayor que la de los baby boomers, de los cuales solo el diecisiete por ciento considera cambios. El resto de los grupos de edad se queda en un cuarenta por ciento que sí actúa.
Entre los de la Generación Z, el veinticuatro por ciento trasladó fondos hacia opciones más conservadoras, mientras que los boomers apenas llegan al trece por ciento. Además, los más jóvenes consultan asesores o agregan nuevas clases de activos con mayor frecuencia. Todo esto ocurre antes de los comicios del tres de noviembre, cuando la ansiedad por la economía y la inflación afecta a todos por igual.
Los datos históricos muestran que el mercado bursátil se debilita antes de las votaciones pero se recupera después. El S&P quinientos ha registrado rendimientos positivos en los doce meses siguientes a todas las elecciones de medio mandato desde mil novecientos cincuenta, con un promedio del quince por ciento. Esa cifra supera el rendimiento anual histórico de algo más del diez por ciento.
Los asesores financieros atribuyen la diferencia generacional a la falta de experiencia de los jóvenes. Los boomers ya vivieron el estallido de la burbuja puntocom y la crisis financiera mundial, por lo que saben que los mercados suelen recuperarse. En cambio, los inversores más nuevos enfrentan un flujo constante de noticias y redes sociales que amplifica el miedo.
Casi dos tercios de los profesionales encuestados coinciden en que la mejor estrategia durante un año electoral es no hacer nada. Algunos realizan ajustes menores para cubrir gastos inmediatos, pero desaconsejan movimientos grandes. Las semanas cercanas a las elecciones se sentirán agitadas, aunque el mercado ha demostrado ser más resistente de lo que parece.
Al final, los jóvenes terminan vendiendo barato por nervios mientras los veteranos esperan el rebote habitual. La lección parece ser que el pánico electoral genera más movimiento que resultados.




