Donald Trump se presentó el sábado en un colegio electoral de Florida como quien va a comprar el pan, pero con la diferencia de que llevaba a Melania de copiloto y un montón de micrófonos esperando que soltara alguna barbaridad. El presidente aprovechó el momento para repetir que la única corrupción que existe en el mundo es la de los demócratas, como si los republicanos fueran monjitas de clausura.
Según el magnate, en Los Ángeles ya hay papeletas de la elección de 2020 escondidas debajo de las camas como si fueran revistas pornográficas antiguas. Nadie ha visto esas papeletas, pero eso no importa: Trump las imagina multiplicándose como conejos en temporada de apareamiento.
Las encuestas, sin embargo, le están cantando las cuarenta. Todo apunta a que su partido puede perder la Cámara de Representantes y hasta el Senado, lo que dejaría al octogenario sin margen para seguir firmando decretos como si repartiera autógrafos en una convención de fans.
Si los demócratas recuperan el control del Congreso, prometen revisar los negocios de la familia Trump con lupa y linterna, algo que al presidente le pone tan nervioso como a un político pillado con las manos en la masa… o en otro sitio menos noble.




