El Crowbar de Tampa, un local con capacidad para 300 personas que vio pasar a OK Go, Kenny Chesney y Chappell Roan, cerró definitivamente el 31 de julio. El dueño, Tom DeGeorge, culpó al aumento de costos y a la llegada de un recinto de Live Nation a pocas cuadras. Durante dos décadas el sitio sirvió de trampolín para raperos locales y shows íntimos que los estadios nunca ofrecen.
En todo Estados Unidos ya cerraron 480 recintos independientes desde 2020 y otros 160 en lo que va del año. Live Nation, valuada en 40 mil millones de dólares, controla la venta de entradas, la representación de artistas y decenas de venues. Los dueños pequeños aseguran que no pueden competir cuando una sola empresa decide dónde tocan los músicos y cuánto pagan los fans.
Un jurado federal determinó que la compañía monopolizó el mercado de eventos en vivo y varios estados piden su división. El gobierno de Donald Trump acordó un arreglo que los estados consideran insuficiente. Mientras tanto, Live Nation planea abrir un nuevo espacio de 4300 personas en el mismo barrio donde antes funcionaba Crowbar.
Los dueños de salas independientes explican que la empresa puede absorber pérdidas en un show porque compensa con merchandising, entradas y representación. Los locales pequeños, en cambio, operan con márgenes ajustados y terminan vendiendo o cerrando. Un tecladista de The Hold Steady recordó que estos sitios dan el primer concierto a bandas que apenas convocan a cien personas.
Live Nation sostiene que Tampa necesita más venues medianos y que su proyecto beneficiará a la escena local. Los vecinos de Ybor City, donde todavía deambulan gallinas salvajes, esperan que las autoridades frenen la construcción. DeGeorge, que cerró en lo más alto tras celebrar el aniversario número veinte, resumió la situación con una frase: cuando una sola entidad controla todo el océano, nadie más puede nadar.




