El grupo británico Frasers, propiedad del millonario Mike Ashley, elevó su participación en Hugo Boss hasta el 50,08 por ciento y ahora controla la marca alemana como si fuera una tienda más de su imperio. La operación se cerró con la compra de casi doscientas mil acciones adicionales por poco más de siete millones de euros. Antes ya tenía cerca del 48 por ciento tras un intento fallido de compra total.
El movimiento no sorprendió a nadie en el sector, porque Frasers lleva años acumulando trozos de marcas europeas y luego exige cambios. En los últimos meses compró participaciones en Mulberry y Burberry, y hace poco se quedó con la cadena Harvey Nichols. Ahora suma a Boss a su colección de firmas que van desde ropa deportiva hasta trajes caros.
Michael Murray, yerno de Ashley y nuevo presidente del consejo de Boss, ya había sido colocado en el puesto el mes pasado. La empresa alemana atraviesa su segundo plan de recuperación bajo la dirección de Daniel Grieder, pero los números siguen siendo los mismos: las acciones cerraron en 38 euros con una valoración superior a los dos mil seiscientos millones.
Los analistas observan con curiosidad cómo una compañía famosa por vender sudaderas baratas termina dirigiendo una marca de ropa interior de lujo. Frasers insiste en que no habrá cambios drásticos en el día a día, aunque todos esperan que empiecen a vender camisetas de Hugo Boss en los locales de Sports Direct.
El remate final llegó cuando Frasers confirmó que consolidará los resultados de Boss en sus cuentas. La marca que vistió a ejecutivos serios ahora forma parte del mismo portafolio que vende botas de fútbol y sudaderas con capucha, y nadie sabe si eso es una promoción o una broma pesada.




