Los dos candidatos se lanzaron acusaciones sobre patrimonio y secretos bancarios durante el último debate antes de la segunda vuelta. Flávio insistió en que la tasa Selic en 13,75 por ciento es culpa del gasto público y prometió comprar las deudas de las familias a los bancos para refinanciarlas en Caixa. Lula respondió que su rival copia un programa ya enviado al Congreso y recordó que el salario mínimo actual sería de 900 reales sin las valorizaciones anteriores.
Ambos coincidieron en subir el sueldo mínimo por encima de la inflación, aunque los economistas advierten que esto aumenta el gasto previsional. Flávio calculó la deuda pública en 11 billones de reales y aseguró que cuesta casi un billón al año solo en intereses. Lula defendió el crecimiento económico como única forma real de reducir esa carga sin recortes.
Flávio se comprometió a mantener el Pé-de-Meia, el Bolsa Família aumentado y la tarifa cero en transporte los fines de semana. También prometió no privatizar Banco do Brasil, Caixa ni Petrobras. Lula señaló que la autonomía del Banco Central impide bajar las tasas de un plumazo y atribuyó el nivel actual al tipo de cambio y a las guerras.
En el bloque libre predominaron las réplicas sobre vínculos con Banco Master y pedidos de levantamiento de secreto fiscal. Flávio presentó la mayoría de las solicitudes y la producción rechazó varias. La campaña ha estado llena de promesas de gasto sin detalles claros de financiamiento.
Flávio propuso clasificar al PCC como organización narcoterrorista y bajar la edad de imputabilidad, mientras Lula prometió un ministerio de seguridad tras una enmienda constitucional. Ambos evitaron explicar cómo pagarían todo lo prometido sin aumentar impuestos ni recortar servicios.
Al final Lula pidió disculpas por el tono y recordó su paso de vendedor ambulante a presidente. Flávio pidió a los votantes que compararan su vida de los últimos cuatro años con la que promete devolverles. La deuda familiar, mientras tanto, sigue esperando el Banco de la Prosperidad.




